domingo, 14 de septiembre de 2014

La mansión Anabelle

  Dispuestos a investigar una nueva ubicación accedemos a un terreno invadido por la vegetación, la altura de los matojos y los arbustos casi no nos dejan ver la edificación desde el perímetro exterior. Tras avanzar entre la densa maleza aparece ante nosotros una gran casa de aspecto poco lustroso y extremadamente envejecido.
  En esta ocasión, ciertamente, las apariencias engañaban, porque lo que encontramos en el interior no correspondia para nada a las expectativas concebidas desde la fachada.





 A medida que nos fuimos adentrando descubrimos una gran casa señorial al más puro estilo victoriano. Grandes salones, lujosas habitaciones, pinturas vivas en las paredes que aún persisten en el tiempo, hace revivir tiempos pasados en lo que debió ser el espacio de una familia muy bien situada en lo que al estatus económico se refiere.
  Las dimensiones del edificio son desorbitadas, y transcurren más de dos horas en lo que es nuestro primer reconocimiento del lugar, espacios laberínticos y diversidad de apariencia, en lo que pasábamos de estancias que debían ser de un gusto exquisito en aquella época a otras de aspecto pobre y desarraigado.




































































                            





Óscar J. Escobar
Raquel Martínez Gutiérrez
Antonio García Liarte


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